
Caminaba el maestro con su aprendiz por el desierto. Ella sin entender la razones del silencio del maestro no aguanto en su desesperación y le reprocha al maestro el “porque de esta larga y dolorosa odisea”. Ella observaba como las raciones se agotaban y ya habían empezado a beber agua de los cactus del desierto. El maestro no contesto a la pregunta de la joven.
El ya la había llevado fuera de las ciudades, de la vista de los mercantiles que tanto la deseaban y el había cubierto su cuerpo con trapos oscuros que cubrían de tal manera su erotizante figura que no se podía distinguir si era un hombre o una mujer lo que había allí, debajo de los trapos. Antes de conocer a el maestro era deseada por todos, se entregaba y vivía en una plenitud de ignorancia inmensa. Sí, el maestro conocía de los errores de sacar a alguien del yugo de la ignorancia, para algunos seres, la ignorancia es sumamente cómoda.
Ahora ella no era más que una mendiga más aprendiendo de un maestro en el que ella confiaba pero no siempre escuchaba.
—Aprenderás a andar por el desierto antes de aprender a andar por la vida. Aprenderás a conversar con el silencio sin que tus labios pronuncien sonido, aprenderás, joven, a conversar con la oscuridad y darte cuenta de que sin ella la luz no existe.
—Ya entiendo eso —reprocho la joven interrumpiendo al maestro. En su desesperación se dio cuenta de que interrumpió a su señor y pido disculpas tirándose al suelo —perdón, maestro, disculpe mi torpeza.
—¿Por cuanto tiempo tendré que seguir perdonando tu torpeza? No eres torpe, solo impaciente. Lamentablemente conoces la teoría, tienes el conocimiento de la metafísica, las filosofías sobre la existencia obligatoria de los opuestos, pero querida, no tienes la sabiduría para aplicarlos a la vida.
Ella lo miro a los ojos, con lagrimas derramándose por sus mejillas, no de pena, pero frustración. Se pone de pie y sacude la arena que quedo en sus rodillas. Los trapos que traen se forman en una capucha que a la ves cubren sus labios.
—Cuando aprendas a meditar en movimiento, a escuchar el susurro del viento, a hablar sin una palabra pronunciar, entonces, solo entonces saldremos de este desierto y regresaremos a Béchar. —El maestro continuo caminando en silencio, envuelto en sus trapos y con el bastón largo en mano derecha. Entonces añadió sin pausar la marcha —yo no se como salir de aquí. Tome un rumbo que nunca había tomado y estoy tan perdido como tu, pero a través de la enseñanza que te quiero dar, aprenderé más sobre las rutas de este desierto y la meditación que contigo hago me llevara a tener más y a ser más.
La aprendiz sorprendida por la revelación de su situación continuo la marcha sin emitir sonido.
Algunas lecciones, las mas importantes no se pueden enseñar, solo se pueden adquirir por medio de la experiencia. Incluso cuando nada hace sentido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario